Llámame, que quiero conversarte no importa el tema sino tú, tu labios aferrados al teléfono que me transporten hasta ahí para poder, por un mágico instante, acariciarte, besarte, decirte repetidas veces lo que tú sabes, desde ese día en que me transformé en ese ser, al que tu miras fijamente todas las mañanas y no has dejado de pensar en él.
Llámame, que no puedo dejar pasar un minuto sin sentir si quiera tu voz.
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